Por J.L. Martín Palacín, publicado no Xornal de Galicia
Mi simpatía intelectual hacia Garzón es nula. No me gustan ni su actitud subjetiva y personalista, ni su estilo a veces exento de rigor, ni el tufillo oportunista que rezuman muchas de sus actuaciones. Pero su inculpación por prevaricación instada por dos organizaciones ultraderechistas, y avalada ahora por el magistrado del Supremo Luciano Varela, merece una reflexión de más alcance que el del tendencioso y formalista auto en el que se le inculpa. De las dos primeras lecturas del auto sacas la impresión de que formalmente es irreprochable. Y, en efecto, Luciano Varela se ha cuidado mucho de buscarle las vueltas formales a una actuación un tanto errática de Garzón, en la causa promovida por la reclamación de varios colectivos de familiares y amigos de los más de 150.000 asesinados por la represión franquista.
Era muy difícil pensar que tan sólo en nueve meses el gobierno gallego se pudiese meter en tantos charcos como se ha metido, mostrando no solamente la lógica bisoñez e inexperiencia sino también desconocimiento y atrevimiento. Empezó declarando ilegal el decreto eólico del bipartito, y supliéndolo con otro aludiendo a la inseguridad jurídica del primero. Resultó que el primer decreto era legal y como consecuencia de ello se metió en un embrollo jurídico provocando una paralización de las inversiones en el sector y probablemente tener que indemnizar.
Algunos compañeros son intratables, están desfasados y no hay forma de que se pongan al día y actualicen su conocimiento de la realidad. Estoy todavía traumatizado por la bronca que me echó en plena calle mi amigo Ceferino Boullón, un sindicalista de toda la vida. Nada más preguntarle cómo veía él la reforma del “mercado laboral” explotó como si le hubieran mentado el diablo a un beato. Me obsequió con una conferencia de diez minutos en la cual absurdamente me señalaba a mi entre los que tienen el poder de cambiar algunas cosas… Lo malo es que lo hizo delante de un grupo de viandantes que se acercó a nosotros nada más empezar su disertación mientras me reprendía con su dedo acusador delante de todos…
*Noam Chomsky, distribuído por The New York Times Syndicate.
El 21 de enero de 2010 quedará registrado como un día oscuro en la historia de la democracia de Estados Unidos y su declive. Ese día, la Corte Suprema dictaminó que el Gobierno no puede prohibir que las compañías hagan aportaciones económicas en las elecciones.
La decisión afecta profundamente a la política gubernamental, tanto en el plano interno como en el internacional, y anuncia incluso mayores conquistas de las corporaciones sobre el sistema político de EEUU. Para los editores de The New York Times, el fallo "golpea el corazón mismo de la democracia" al haber "facilitado el camino para que las corporaciones empleen sus vastos tesoros para inundar [con dinero] las elecciones e intimidar a los funcionarios elegidos para que obedezcan sus dictados".
La Corte estuvo dividida, cinco contra cuatro. A los cuatro jueces reaccionarios (engañosamente llamados conservadores), se les sumó el magistrado Anthony M. Kennedy. El magistrado presidente, John G. Roberts Jr., tomó un caso que se podía haber resuelto fácilmente sobre bases más limitadas y maniobró en la Corte con el fin de hacer aprobar un dictamen de gran alcance que revierte un siglo de restricciones a las contribuciones de las empresas en las campañas federales.
Arica Ferreiro, de 35 anos de idade é unha mestiza neta dun galego emigrante que se estableceu no Perú. O Sr. Ferreiro, avó de Arica, rexentaba un pequeno restaurante na Cidade de Arequipa no que ofrecía comidas típicas daquela terra, viños do pais e como sobremesa filloas e orellas galegas. Tanto e tantas cousas lle contou e falou a Arica o seu avó sobre Galicia, que ela chegou a coñecer de memoria o Concello de Teo, as costumes desta Terra, a fartura da nosa gastronomía, e ata a marabilla de Compostela unha cidade chea de casas de pedra, pazos e prazas inmensas, e ca catedral mais grande do mundo despois da de Roma. Arica sempre deveceu por coñecer a terra do seu avó.
O primeiro ministro italiano, Silvio Berlusconi, un personaxe cunha ringleira de procesos xudiciais por subornos, conexións coa mafia, que modifica leis a capricho para evitar a acción da xustiza, e que nas súas mansións celebra festas con prostitutas nas que se consumen drogas, acaba de manifestar que as persoas que non pertencen a UE (extracomunitarios) engrosan en Italia as filas da delincuencia. En España o Partido Popular estase a refuxiar no oportunismo demoscópico con teses racistas para obter votos eludindo os problemas de fondo. Non hai nada mais demagóxico e infame apelar as ringleiras do paro e dicirlles que si non teñen traballo é porque os inmigrantes llo están a quitar; ou manifestar nos centros de saúde ou nos servizos sociais, que si non tiveramos tantos inmigrantes non terían que esperar tanto para ser atendidos. Isto evítalle aos conservadores apuntar e molestar os verdadeiros responsables da crise e de paso intentan obter algo de rédito electoral. Ante estas manifestacións resulta atronador o silencio dos xerarcas da igrexa católica, tan politicamente activos con outros asuntos nos que deberían estar respectuosamente calados.
A veces se hacen promesas electorales sin criterio y de manera improvisada. La mala táctica de pescar votos en río revuelto. Núñez Feijóo no daba un chavo por el éxito de su campaña (recordemos que no la ganó él, que la perdieron los otros), y se apuntó a la “Galicia bilingüe” porque estimó que ahí había un caladero electoral. Cometió la ligereza de remover algo que estaba unánimemente pactado en la época Fraga. Esa ligereza le llevó al actual atolladero.
Cuando prometes sin meditar terminas en el camino de las ocurrencias. Y las ocurrencias constituyen el primer peldaño de las escaleras que llevan a la complicación y al absurdo. Es el caso del borrador de decreto sobre las lenguas en la enseñanza en Galicia.
Primera ocurrencia: tirar la piedra y esconder la mano. Haces una encuesta sin rigor científico, para que el resultado te dé argumentos para hacer lo que querías. Como no sabías bien lo que querías, lo conviertes en un borrador para que todo el mundo opine. Opinión bajo la amenaza de que, como tienes mayoría absoluta, vas a terminar haciendo oídos sordos a las opiniones. Todo el mundo considera (incluido tú) que el borrador ya es el decreto. Cuando comienzan las quejas y las opiniones contrarias, tú dices que no se alborote el personal, porque esto no es más que un borrador…
La segunda y más grave ocurrencia es la de equiparar, al margen de la Constitución, del Estatuto y del propio sentido común, las dos lenguas oficiales con el inglés u otras lenguas extranjeras. Hemos descubierto una imposible Galicia trilingüe: no tienes profesorado preparado para hacer lo que propones. Y practicas una forma de contrabando, porque el problema que has suscitado no era el de la enseñanza de lenguas en general, sino el de equiparación de las lenguas oficiales. Y descubres (no sé en qué idioma, por cierto) un sistema matemático tan novedoso que convierte la mitad en el 33%. Si la intención del autor del invento era potenciar más el gallego o potenciar más el castellano, le ha salido que lo que termina potenciando es el inglés. A costa de restar peso a las lenguas oficiales. Todo un galimatías.
Cosme de Vilar es un poeta inédito de Santiago que llegó a escribir más de cien poemas sobre Compostela. “La lluvia –me contó en la entrevista que tuve con él ayer mismo– mojó esos folios llenos de poemas un día traidor de verano en el que dejé por olvido la ventana del escritorio abierta. Hoy esas hojas solo conservan las lágrimas ilegibles que declaraban mi amor por esta ciudad”.
Cosme confiesa su pasión por Galicia, por todos sus pueblos, y me susurra como propios unos versos de León Felipe: “…poetas nunca cantemos la vida de un solo pueblo ni la flor de un solo huerto, que sean todos lo pueblos y todos los huertos nuestros…”
Cosme tiene ochenta años y muchos más recuerdos que esperanzas. Entre sus vivencias y memoria está la historia reciente de la ciudad que para él es como la novia que nunca tuvo porque, no se puede tener más que un gran amor y muchas pasiones, me dice. Le sugiero que me hable de su “novia”, y se anima enseguida: “Barcelona o Madrid son grandes, poderosas e intocables capitales autonómicas, Compostela es muy pequeña para ser como ellas y eso juega en su contra. Lo saben y lo utilizan sin escrúpulos para sus cambalaches algunos politicastros.”
Cosme tiene ahora la mirada perdida y una extraña sonrisa de enamorado. Me ignora y parece estar dirigiéndose a otra persona… “Compostela siempre joven y hermosa supiste aguardar en silencio más de veinte años para ser la capital que ya eras y sentían los gallegos pero, no podías molestar a los parientes antes de ese tiempo… Me duele profundamente el trato que recibiste de ellos, me irrita el arreglo tramposo con tu universidad cinco veces centenaria hoy hecha jirones innecesarios; me disgusta la ausencia de autovías libres que te unieran más y mejor con tu Galicia; me indignan los mil regateos sobre tu aeropuerto, sobre la Ciudad de la Cultura o el AVE; me apena la ocurrencia electoral de intentar trasladar una de tus Consellerías a otra Ciudad… Esas son las consecuencias de no entender lo que significa que fueras la capital para Galicia, la prueba de que se puede abusar y ser arbitrario contigo impunemente. Pero lo que más me irrita ahora es la indiferencia, la falta de sensibilidad y de inteligencia del actual Gobierno gallego que te ignora con premeditación en tu Año Xacobeo, difuminándote, mezclando todos tus símbolos y los reclamos de forma electoral y oportunista.”
Aquí Cosme recuperó la conciencia de mi presencia y mirándome nuevamente me aclaró: “Tu sabes bien que muchos y buenos gobernantes antes supieron entender lo que era necesario y decidieron colaborar y cooperar conjuntamente prescindiendo de todo tipo de presiones: Xerardo Estévez, Manuel Fraga, Felipe González, Marcelino Oreja o Joseph Borrel, entre otros muchos anunciaron y descubrieron la nueva Galicia a través del Camino de Santiago; de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad; de la Capital Espiritual indiscutible meta de peregrinos y turistas, y de la Ciudad símbolo de lo mejor de nuestra cultura…”
Cosme se puso en pie lenta y solemnemente, por la ventana de su casa de la Rúa Nova entraba un oportuno rayo de sol que iluminó el rostro mientras sentenciaba: “Compostela, capital de Galicia, no tienes que pedir perdón a ningún otro pueblo o ciudad de nuestra Tierra… No tienes porque vivir como propio el síndrome que te han creado de una Compostela acaparadora y egoísta porque no es real. Compostela tu vives siempre más de lo que das y representas, que de lo que recibes…”
Cosme me entregó al marchar como regalo unos folios ilegibles recuerdo de unos poemas rotos por la lluvia que nunca conoceremos.