Por Luis Toxo en "El Correo Gallego"
Tuve la fortuna de conocer hace muchos años en Compostela a don Carlos Amigo, hombre grande intelectual y físicamente. Estudiante de medicina; psicólogo; teólogo; provincial de los Franciscanos en la Provincia de Santiago; arzobispo de Tánger, desde Mayo de 1982, arzobispo de Sevilla, y ya en el 2003 Cardenal de esa ciudad.
Con motivo de la festividad de San Francisco en Compostela fui invitado hace varios años a los actos de celebración de la misma en el convento del mismo nombre, y en la comida coincidí nuevamente con don Carlos. Fue esa una comida especial e inolvidable.
Rodeado de media docena obispos y arzobispos me pregunté qué pintaba en medio de ellos un concejal cristiano pero muy mal practicante. (Ello siempre debe ser mejor decía para mis adentros que un concejal buen practicante y mal cristiano).
Se habló en aquella comida de forma distendida y amable un poco de todo cuanto sucedía en el país; de religión; de política; de sociedad; de economía, de los amigos.
En plena conversación pregunté a don Carlos qué tal le iba por Sevilla, ciudad en la que pasé unos años muy felices de estudiante. Nos contestó a todos los comensales que la ciudad era muy agradable, pero que en ella como cardenal, no mandaba nada.
- Allí quienes tienen poder y mandan en el ámbito en que me muevo son las cofradías, yo soy casi un cero a la izquierda , (ninguno de los presentes le creyó en absoluto), voy a donde me invitan y atiendo a todos lo mejor que sé y puedo-.
- Os contaré una historia que me sucedió recientemente.-
- Solicitaron mi presencia hace unos meses unos cofrades de un ayuntamiento de la Sierra en su fiesta patronal, y sin más vueltas decidí ir allí.-
Llegue al lugar en cuestión y pude comprobar que aguardaban por mí toda la corporación municipal. Eran al parecer miembros de la cofradía. Vestían traje de domingo y llevaban la insignia y el medallón corporativo como señas de identidad inequívocas del poder civil.
Me saludó con muchísima cortesía y respeto el alcalde, y dijo sentirse muy honrado con la visita. Caminamos hacia la pequeña iglesia. Yo un poco más adelantado que los miembros de la corporación llevaba a mi lado al cura párroco. Detrás el resto del pueblo. Al poco le pregunté al sacerdote: ¿Don Manuel, de que filiación política es el Ayuntamiento?
Me contestó: "Eminencia, le son todos comunistas, salvo un par de ellos, pero no se preocupe que lo tengo todo bajo control”.
Ya en la iglesia, los ediles ocuparon los primeros asientos. Delante de ellos otros tantos reclinatorios. Por simple curiosidad pregunté nuevamente:
¿Don Manuel, son creyentes ?... "Le son ateos perdidos señor cardenal, ateos perdidos todos ellos? pero no se preocupe que tengo todo bajo control?.
“No sé por qué pero no me tranquilizó nada la contestación. Llegó el momento solemne de la consagración y observé con el rabillo del ojo que algunos de los ediles se movían inquietos en sus bancos.
Por lo bajo pregunté nuevamente al co-oficiante: ¿Don Manuel tengo la impresión de que alguno de nuestros amigos de la primera fila pueden querer comulgar?.
"No se preocupe respondió nuevamente que tengo todo bajo control..." Ya cansado de esta muletilla casi le grito al decirle: ¡déjese de controles y bobadas!, ¿si vienen a comulgar que hacemos ?...
Su contestación fue increíble: "Usted no se preocupe señor Arzobispo, consagre su copón, que yo a este mío ni lo toco y si vienen le damos de estas!..
Don Carlos nos miraba escrutadoramente sonriendo y aguardaba la pregunta obligada, la última pregunta que deberíamos haberle hecho.
Todos los presentes con los ojos como platos nos quedamos tan asombrados y paralizados que ni los demás ni yo mismo quisimos saber ni preguntar como acabó esta anécdota.
El cardenal se quedó con las ganas de que le formulásemos la pregunta más importante y nosotros con la duda tremenda del resultado para siempre.
Que gran personaje, nunca le olvidaré.
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