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Socializar la crisis PDF Imprimir E-mail
Por José Luis Martín Palacín en "Xornal de Galicia"
Cuando el gobierno respaldó la deuda internacional de nuestros bancos, me comentó el presidente de una entidad financiera: “Teníamos un problema y lo hemos socializado”. Las repentinas medidas de ahora van en la misma dirección: socializar la crisis.

Carne cercenada y congelada de pensionistas, funcionarios y cooperados arrojada a los tiburones del mercado, a demanda del domador de siempre: el Fondo Monetario Internacional. El gobierno ya había establecido un plan de reconducción del déficit, pero ante las acometidas de la especulación contra el euro, la Unión Europea ha tenido que establecer unas medidas de choque, respaldando desde los bancos centrales la moneda única y los valores bursátiles europeos. A España le ha tocado acelerar los planes de recorte del déficit.

Manda el mercado. Pero queda clara la falsedad del axioma ultra-liberal de que el mercado lo arregla todo. Por el contrario, cuando el mercado no tiene un marco regulador, lo desarregla todo. La crisis que padecemos es obra de la desmedida especulación que dirige ese mercado. Y hasta ahora los vidrios rotos de esta la han pagado los Estados a costa de déficit, las Pymes que han tenido que cerrar y los trabajadores que han perdido su empleo. Después del último envite especulador, la vuelven a pagar los ciudadanos.

La burbuja inmobiliaria era una operación especulativa. De ella, es cierto, han comido muchos: desde los ingresos municipales por tasas hasta las empresas constructoras y los puestos de trabajo creados a su sombra. Pero ha promovido una cadena especuladora nada despreciable: desde las plusvalías excesivas del suelo, hasta el encarecimiento artificial del precio de las viviendas y los créditos excedidos otorgados por los bancos. De los casi 700.000 millones de euros que deben las familias españolas por hipotecas hay quien considera conservadora la cifra de entre un 8 y un 15% de beneficio de pura especulación de uno u otro signo: lo cual se traduce en cantidades de entre 56.000 y 105.000 euros. Cantidades que se han regido por el principio de “toma el dinero y corre”. Esa especulación está en el origen de la crisis y define un modelo económico envenenado. Y en medio de la crisis, como no se han estructurado medidas de regulación y control a nivel mundial sobre quienes manejan improductivamente la economía, sigue habiendo pescadores en río revuelto. Calcúlese lo que pueden haber ganado los especuladores que promovieron estos días atrás la bajada del 11% de la bolsa española y que –sin duda– se beneficiaron de la subida del 14%.

Que hay que apretarse el cinturón es cierto. Que los trabajadores del sector público han de pagar su cuota de estabilidad laboral con una aportación a la disminución del déficit, no parece desencaminado: pero hace tiempo que esa medida tendría que haberse puesto en la mesa de negociación, con unas contrapartidas viables. Todo se puede pactar, y para todo hay una posible contraprestación. Lo que no parece de recibo es la congelación de las pensiones: más por su contravalor simbólico que por la cuantía en que pueda afectar a cada pensionista. Algo similar al recorte en la cooperación.

Pero lo que genera incertidumbre y desasosiego es la improvisación. Y de eso ya tenemos demasiado. Lo que genera malestar es que no se establezcan medidas realmente estructurales. El consabido mercado continúa mandando y ni se afronta su regularización, ni se termina de poner coto a los paraísos fiscales a nivel mundial, ni se acaba de ver que realmente vayan a arrimar el hombro los que más ganan. Hasta ahora, las entidades financieras continúan teniendo las manos tan libres como antes: incluso para no contribuir con créditos al normal desarrollo de las empresas. Ha sido todo un espectáculo –dicho sea de paso– ver a la clase política gallega revuelta con la fusión de las cajas como si nos jugáramos el destino de Galicia, cuando estas entidades no se han comportado con la economía gallega mejor que cualquier banco.

Estamos socializando la crisis. Pero no hemos logrado socializar de ningún modo los beneficios que se llevaron los causantes de esta, ni los que se están llevando los que aún son capaces de vivir de ella. Y a pesar de que llevamos casi dos años oyendo decir que la crisis es estructural, aún no se ha adoptado ni una sola medida estructural que impida que vuelva a suceder lo mismo en el futuro. Hablo no solo de España, hablo de Europa. Hablo no solo del gobierno, también de la oposición, que está encantada con que el río se revuelva para intentar pescar votos con dos años de adelanto.

Tal vez lo que deberíamos socializar es la cordura.
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