|
Prisciliano II Quién no se siente en cierta medida castigado por la nueva situación económica y social que asola de norte a sur y de este a oeste nuestra querida Patria. Los males de la Patria, como antaño, vuelven a aparecer por doquier, pero elevados al cubo, tras un frenesí, en el que parece siempre participaron otros, porque todo el mundo rehusa ser culpable y declara su inocencia en el proceso.
Más bien todos estamos de acuerdo de que la causa estuvo en los especuladores y los bancos, que a manos llenas se han hecho de oro, y han vaciado las arcas; arcas que han sido repuestas con dinero público, que ahora tenemos que pagar entre todos. Y es que se sigue la tónica de que el dinero no se crea ni se destruye, siempre permanece, por tanto si unos no tienen, será que otros lo han acaparado.
Es la renuncia a la autocrítica, y mejor aplicarse un cuento de fábula, que escarbar en la realidad del Pais, porque los males de la Patria, mejor ocultos debajo de la alfombra, que expuestos en el escaparate.
La verdad que especuladores en bolsa los hay, y también en los bancos, pero suelen mover siempre productos que contratamos todos los mortales, ciudadanos de bien, y que los contratamos con la misma avidez, que consumimos productos chinos, baratos, pero a sabiendas de que se “cargan” la industria nacional, regulada, y con trabajadores con convenios laborables dignos. Aún así consumimos productos chinos, o senegaleses, o lo que haga falta, sin que nadie, ni los sindicatos que tanto defienden al trabajador de este Pais y sus derechos laborales, diga esta boca es mía. Por tanto el caso de las hipotecas subprime, o de los productos derivados, nace de la misma avidez humana, no solo española, nace del pueblo, que muchas veces pide a sus gobiernos, no menos regulación, faltaria más, pero sí que no se meta en la expectativa del mercado, sobre todo cuanto este va bien.
Por otro lado el boom inmobiliario no está tampoco incitado por el comportamiento de toda una sociedad, que ha aplaudido hasta con las orejas las rebajas fiscales y de tipos que permitían el sueño de todo español, poseer una propiedad horizontal, o mejor incluso parcela y chalet; los bancos sin duda se han dejado llevar, pero no cabe duda que hay dudas razonables, de quién empujaba a quién. Subiendo precios en espiral, que no repercuten en la optimización de la producción, más al contrario van a parar al suelo, o a malos promotores que ante la quimera del oro, se ponen con el pico en la cantera de hacer dinero, es decir a holgazanear. Y eso año, tras año, pero eso sí, el Gobierno autista porque no es bien visto que intervenga en la economía regulando, porque el mercado que todo lo arregla, va viento en popa a toda vela.
Y un día el mercado va mal, muy mal, y todos miran para otro lado; cierto que unos pocos acumularon excesos; cierto que algunos muy listos vendieron en tiempo de descuento, a otros muy tontos, muy tontos, y por medio financiando la operación por grandes bancos, es decir por todos nosotros, cuasi en una venta que parece el timo de la estampita. Es el resultado de la deseconomía, con cientos de empleados en el paro de una empresa que ya no vale nada, Fadesa; y nadie dice nada, eso es cierto y sangrante. Es sangrante cuando el dinero puesto por todos, es decir por los bancos, ha servido para ser embolsado a alguien, que a la postre hunde su empresa. Ese es el modelo a seguir, pues sí, no el del Gobierno.
Sin embargo, nadie es responsable, el pueblo sufre las consecuencias. Ahora bien, ¿será el pueblo hipócrita, o suavizando el calificativo, autista por necesidad? ¿puede ser consustancial a toda la sociedad un cierto grado de cinismo?; maticemos, que se culpe al Gobierno de salvar a la banca, a los grandes ricos, puede tener cierto punto incierto, ¿quién es la banca? Qué pensarían los españolitos entre los que me incluyo si en vez de intervenir sobre el sector, se dejara quebrar a los bancos y desaparecieran los ahorros de miles de pequeños inversionistas, los ahorros de toda una vida. ¿No culparía toda la sociedad al gobierno, de inacción, de parálisis, por elegir calificativos suaves?
Por otra parte ¿quién ha participado del boom inmobiliario?, es que se ha generado por dos personas, o por todo un País todos a una.
Será que la crisis es por todos, aunque algunos se hayan aprovechado más que otros, quizás.
Por otra ¿no es cierto que el crédito ha fluido con extrema alegría?; ¿se ha invertido bien el crédito público y privado en España en la última década, sí, tanto en el tiempos del PP como del PSOE? ¿se ha invertido bien? ¿qué genera la crisis, el crédito bien invertido?
Y ahora que toca renovar pólizas, con ahorro muy receloso del exterior, y que resulta que en cierta medida no es ni Europeo, piden las cuentas del Estado, no al Gobierno, sino a España. En qué tienen los bancos invertido parte de sus fondos y de su deuda, en qué la tienen las familias españolas. Es cierto que el dinero existe, en otras manos, y no es menos ciertos que pagamos más por algo que cuesta razonablemente y comparativamente menos; ese impuesto especial ha ido a parar a unas manos de dudosa productividad, es decir se ha malgastado; si malgastas lo que tienes malo, pero si malgastas de prestado peor, porque al final hay que devolverlo, y si no eres capaz de devolverlo todavía peor, porque se entra en una espiral inversa y destructiva respecto de la anterior alcista, en donde se hunde justos y pecadores.
Pues bien, la crisis no está solo en el hecho del desfalco, colectivo, sino que lo está más en una crisis de producción, crisis del modelo de producción que afecta a toda Europa, ante mercados emergentes desregularizados, en donde Europa está perdida, de no encontrarse a si misma, por tanto España con una Europa perdida, tiene que reinventarse como le toca al resto.
Por tanto si la crisis es de producción resulta que la moneda aún existiendo tiene que competir y renovar el mercado de bonos en un mercado planetario, en donde esa moneda se ve poco respaldada por un modelo de producción poco competitivo, cuesta más financiarse; de facto la moneda está devaluada, lo demuestren las tasas de cambio o no, porque si devaluación no va por tasas, va por interés de deuda, tanto pública como privada.
Ante esa crisis de modelo, toca renovar el modelo, que es trabajo incierto y que nos toca a todos, también al Gobierno, pero el modelo como es lógico no se renueva en el corto plazo; la tarea nacional es la renovación del modelo de producción, y queremos saber hacia dónde queremos ir, alejados de estereotipos, compitiendo, pero quizás con un modelo de regulación que marque unas reglas de juego válidas tanto en el mercado de productos, como en el mercado laboral, ya que son el mismo mercado: si hace dos siglos se trasladaban esclavos para hacer el producto, y parece que no era un modelo válido, por qué ahora al amparo de la globalización se trasladan productos desde mercados cuasi-esclavistas; no comentemos ya el punto de vista ambiental; ¿es eso competir? ¿genera este particular motivo de queja de los sindicatos?
Por otra parte, el Gobierno toma medidas dramáticas para equilibrar la balanza, con objeto de mitigar el efecto de la deuda pública, toda vez que la privada tiene visos dramáticos; quizás debiera dejar colapsar la situación, quizás tenga que hacer reformas de calado, a medio plazo; como decía alguien quizás equivocadamente, a medio plazo todos muertos.
Quizás, pero lo cierto, que sin mercado para endeudarse, y eso sí que resultado o efecto de un problema global que no atañe o no es responsabilidad de España en exclusiva, lo único que le queda al Gobierno es ceñir el gasto, el gasto no la inversión, que también la ha reducido de forma dramática. Y el gasto con mayúsculas fuera de los temas de extrema necesidad (por ejemplo parados), es dónde se ha reducido.
El Gobierno por tanto parece que tenía dos opciones, o se sale del euro, y devalúa la moneda a precio de regalo, lo que sería bastante malo para el País, y paga por ende con papel de vellón a sus trabajadores, que es una opción que tiene antecedentes; o ciñe las cuentas a la disponibilidad existente que también es malo pero es más razonable, mientras intenta plantear las reformas de Estado pendientes, si es que el gobernado, o enfermo, quiere y se deja.
Es admirable que el Gobierno tenga un respaldo tan marcado en dichas medidas de emergencia, es realmente admirable advertir que la alta política del País se devanee los sesos con retóricas de mudo, de baja estofa, con solfa, y guasa; es admirable que esa retórica, no la hayan sabido aplicar para defender medidas de amparo ante la duplicidad de la tasa del paro, y ante la terrible realidad de los miles de autónomos y pymes que han tenido que cerrar en los dos últimos años. Es a todas luces admirable que los sindicatos despierten y adviertan su presencia en dicho contexto, es admirable que la radio televisión pública haga causa laboral en criticar un Real Decreto, que emana de representación parlamentaria, expropiando y expoliando el derecho a una información imparcial, y haciendo política en los propios medios públicos desde la propia reivindicación, justa, obrera. Es a todas luces admirable y claramente responsable, muy responsable.
Y dichas reformas pendientes, retomando estas, pasan por adoptar un nuevo modelo, no por reformas parciales: de las reconversiones se han librado en este país muchos sectores, de forma que se han generado dos economías: las reguladas, de gran empresa o del sector público, aquellas todavía defendidas por los sindicatos, y las de pymes y autónomos en estado cuasi de salvaje oeste, que son carne de paro, de mileurismo, o de no trabajar sin estar en paro, porque algunos ni tan siquiera derecho al paro tienen. Ambos extremos económicos no pueden sostenerse en el mismo modelo social, ya que en la degeneración se formulan dos sociedades y dos modelos laborales, que de facto existen en el Pais, malos ambos, porque ambos no son óptimos, unos por rigidez y motivación, y otros por atomización, y falta de garantías. Ha de quebrar, y quebrará además en una etapa de recesión profunda, que es el peor momento. Todo dentro de un crisol en donde no se prima la competencia, ni la competitividad, sino muchas veces el amiguismo, y la oportunidad, y con costes y desincentivos muy marcados, que se demuestran en la falta de innovación, por ejemplo.
Más que el sueldo que es el resultado de, el discurso está en la eficacia, la Administración por caso, ya le gustaría ser decimonónica, porque la Administración Española además de redundante y mal repartida, que es decir mal parida, es bananera y oscurantista; Es grave si la administración es bananera en un entorno de recesión, todo el modelo de bienestar, la mitad del que existe en la actualidad, el que queda como Estado del bienestar, colapsará, sin duda, a un nivel de salarios bananeros.
Quizás sea lo razonable con objeto de volver a empezar, para refundar con esfuerzo y sacrificio, de todos, un nuevo País.
|
|